Protocolo de prevención de riesgos artísticos

El vigilante del museo me advierte autoritario que la pieza no se puede tocar y yo, sorprendido en la ilegalidad de mi movimiento, redibujo la trayectoria de la mano para secarme el sudor de la frente con la manga.

La pieza en cuestión, un gran vaso repleto de agua salpicado en su exterior con una infinidad de gotitas de condensación descansa en una repisa de la pared, como si de un espejismo se tratara en la agobiante inmensidad de un desierto de esculturas y montajes plasticometálicos.

El calor sofocante hace que la pieza sea en este momento la más visitada y admirada de la estancia, muy a pesar de la recta disciplina del vigilante.

Salgo de la habitación al tiempo que unos jóvenes hermanos entran a la de “¡mirad un vaso de agua fría!”. Uno de ellos, de unos tres años, arrastra un pequeño carrito con un cordel en el que su padre debe haber depositado el periódico. Disimuladamente cojo el periódico y después de un leve vistazo vuelvo a dejarlo en su sitio.

Mientras me marcho oigo una algarabía detrás de mí, un “¡fuego, fuego!” y el sonido del agua sobre papel. Aprovecho que tengo el mechero en la mano para fumarme un cigarrillo juguetón.

Publicado por Elmiro Higgs

Escribo minirrelatos y otras cosas

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