Argumentos fehacientes

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Imbuido del espíritu del Dios ateo Richard Dawkins he tomado partido en una discusión con mi amigo Rodolfo Aniejo.

Aniejo sostiene que existen 3 razones en el origen de la religión: i) el consuelo frente a los fenómenos naturales destructivos, ii) el establecimiento de unas normas de convivencia en sociedad, y iii) la búsqueda de Dios.

Yo le digo que el conocimiento de las causas de los fenómenos naturales (la ciencia) ha hecho innecesario el primer argumento, el gobierno del hombre en sociedad regido por leyes (la política) descarta el segundo, y el tercero es peculiar, parte de la premisa de la existencia de un Dios omnipotente, omnisciente e inasible por caminos materiales para justificar su búsqueda a través de vías materiales (el culto, el rito y la moral).

Él me sugiere que busque a Dios a través de la fe. Quizá comience con los Dioses que no tienen fe.

Elefantes y pistolas

Esto que te doy es un plato de un valor inapreciable que ha de tomarse siguiendo una rutina exacta y necesaria. En primer lugar debes iniciar “Elephant Gun” de Beirut.

Ahora debes ponerte de pie allá donde estés, separando un poco los pies.

Sube un poco el volumen de la música, más, un poco más.

Ahí está bien, y si no más fuerte.

Deja caer los brazos y agítalos como ramas al viento

Toma el extremo inferior del suéter-camiseta-pijama fuertemente.

Tira con energía hacia arriba y ¡fuera!

Manos al pantalón-falda. ¡Abajo con ellos!

Manos a la cintura, abdominales al aire. Culito para delante, atrás ¡y más, más!

Mueve lo que quiera moverse. Agita lo que quiera agitarse.

¡¡¡Cosquillitas para el cerebro!!!

¿Cómo me llamo, insensato?

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Si en su momento el átomo pudo considerarse la unidad más pequeña de la materia, el gen la unidad de la herencia, y el meme la unidad de transmisión de la cultura (término un tanto degenerado desde que lo propusiera el Dios ateo Richard Dawkins), falta un término para designar la unidad literaria más simple.

Y es que microrrelato, cuento corto o tuit son demasiado largos, eufemísticos o parciales. Si pensamos que la obra literaria más corta debe contar con una trama mínima, aunque se base en un conocimiento previo del lector arraigado en un contexto cultural (en un meme por tanto) podría dársele un nombre como tramo, tema o línea, aunque no creo acertado recurrir a la polisemia.

Permitidme proponeros el juego de buscar esa palabra, que debe ser nueva y por supuesto debe tener gancho. ¡Buscad la eternidad insensatos!

Bacon fat

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Hoy ha hecho un magnífico día de domingo, luminoso, despejado y aromatizado por el café recién hecho y el azahar de los naranjos amargos. En la terraza he sentido de nuevo la caricia fresca y cálida de la primavera en mis piernas y el olor férrico de la sangre.

El hombre olía a colonia. La mujer que andaba apresurada detrás de él tenía la cabeza limpia cuando han pasado al lado de mi mesa. Más adelante él se ha agachado al suelo y se ha vuelto dirigiendo su mano sobre la cabeza de ella. Ya no estaba limpia. Él la ha abrazado con apremio y se han alejado con los hombros pegados.

—Could you please pass the biscuits please? —un querubín rubio de cara sucia acercaba su mano a mi plato en busca de algo que llevarse a la boca, sabedor de que su ocurrencia tendría premio. Le he ofrecido el contenido del plato, del que ha tomado un filete de panceta. Se ha marchado veloz sin dar las gracias al borde de la acera. Ha esperado quieto junto a un perro impaciente hasta que un coche ha aparecido por la calle. Ha mostrado la panceta frita al perro cada vez más desesperado y la ha lanzado a las ruedas del vehículo.

Peine y tijera para recoger mi cosecha mensual de sabiduría

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“Los muchos Cortázar escuchan música tecno en este mismo instante”. La sentencia me ha extraído violentamente del trance de navaja, peine y brocha inducido por la mano diestra de mi peluquero momentos antes.

Liviano contrafuerte de su última ocurrencia de hacer sonar música electrónica ambiental en la peluquería, la frase sostiene que aquellos jóvenes obreros del intelecto que 60 años atrás buscaban en el jazz su impulso creativo ahora lo hacen entre sintetizadores.

¿Y por qué muchos si hasta ahora sólo ha existido uno? No sé si me desconcierta más pensar en 10 genios de la literatura escribiendo 10 obras maestras simultáneamente en el mismo bloque de pisos en Cosquillitas de Arriba o que mi peluquero se dedique a la crítica literaria entre un rasurado de barba y un lavado de pelo.

La charla llega a su fin cuando la capa de peluquero se agita en el aire dejando caer mi ofrenda capilar. Le pago y me dispongo a abandonar el local cuando otro cliente ocupa mi lugar. Mientras cierro la puerta alcanzo a oír de nuevo a mi peluquero entre tijeretazos “los filósofos del mañana fueron expulsados de su casa ayer y hoy han hecho la compra en el cubo de basura de su mecenas”.

Las insólitas cualidades de la difunta Saturnina

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Saturnina era una mujer más bien convencional que medianeaba en edad, aspecto y costumbres, pero poseía dos cualidades nada anodinas; su empatía natural atraía la paz a cualquier conflicto por muy enconado que estuviese, y podía volar.

Si dos hermanos peleaban por una herencia ella sólo necesitaba preguntar por la causa de la riña para que éstos inmediatamente viesen lo ridículo de la disputa y volviesen a casa de uno de ellos a celebrar la fraternidad recobrada e inspirada según ellos por la aparición de su padre difunto.

Si dos novios se enfrentaban por culpa de los celos, Saturnina les daba un beso a cada uno con el pretexto de un saludo convencional, y ambos olvidaban la causa de la discusión, se daban la mano y excusaban mutuamente con la mirada mientras agradecían el poder curativo del amor.

Nadie jamás supo de su habilidad a pesar de practicarla diariamente entre conocidos y extraños. En cambio ocultaba con afán su facultad para volar, que más bien era un levitar lento y rasante que sólo practicaba en la oscuridad de la noche y la soledad de la naturaleza.

Hasta que un disparo perdido en la negrura del cañaveral acabó con su vuelo en busca del alba. “Pobre señora loca y sola ¿cómo se le ocurrió pasear por zona de caza de noche? Hay quien sólo busca causar disgustos a los demás.”

Haters de pega y amigos en apuros

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Dentro de la choza Volstrüm de Ikea donde habita gurú García, ratoncillos y pececillos de plata delinean una agitada danza de supervivencia mientran tratan de adivinar y evitar los pasos inesperadamente nerviosos de su anfitrión. García se encuentra fuera de sí.

No es que las opiniones ajenas le importen gran cosa, pero la acusación del tuitero desconocido ha sido demasiado. El breve e ignominioso “Me ha puesto la yema sucia del pulgar en la frente y me ha cobrado 100€ #gurumeroba #garcianogracias” le ha colocado en el cajón de curanderos estafadores sin aprecio por la higiene, ¡un filósofo sin apego por el dinero y escrupulosamente limpio como él!

García reprime estoico las dagas ponzoñosas que pugnan por salir de su mente, pero no puede evitar dar un puñetazo vengador sobre la mesa de camping que ocupa la mayor parte de su casita, que se desploma al momento sobre el viejo Moisés, ratón, amigo y coinquilino.

García hace un café reparador y deja caer una gotita en la pequeña boca del roedor convaleciente.

Microcuento de navidad para ilusos nostálgicos de juventud

El amigo Fromage, científico y ganadero, si fuera un comando sería “Nueva carpeta”. Cualquier preocupación previa pierde pie en el puente colgante que lleva a su laboratorio-quesería.

Llegué a él una pizca deprimido, con la desazón del paso del tiempo.

—No tengo máquinas del tiempo —dijo avispado—pero quizá te sirva mi penúltima adquisición, el cronoclono—modesto, nunca admitía la autoría de sus “adquisiciones”, aunque en este caso quizá temía reconocer haber imaginado tal engendro de nombre.

Tras algunas manipulaciones entre cencerros y quesos envueltos en paños, Fromage abrió una puerta por la que apareció un niño de unos cinco años con un rostro familiar.

—Elmiro te presento a Elmiro Cinq —me guiñó el ojo travieso, confirmando la locura de que me encontraba conmigo mismo, el de hacía 40 años.

Charlando con él pude admirarme de lo mucho que nos parecíamos:

—¡Cagón!

—¡Calvo!

Decorador de cerebros, razón aquí

No tengo soluciones a todos los problemas de decoración, pero pecaría de modesto si no dijese que mi habilidad es conocida y admirada allí donde he desplegado mi cinta métrica y rascado el yeso de mi paleta.

A los estrechos de corazón y miras les he cambiado las sillas por taburetes de tres patas, para curarles la cojera cada vez que la vida les recortaba, despiadada, una de ellas.

A los íntegros adalides de la pureza del alma les he pintado sus paredes blancas con el ocre tierra yerma y el rojo sangre derramada, debidamente mezclados con semen de Homo antecessor.

A los seguidores de quimeras y ociosos lectores de pasquines les he construido una pequeña reproducción de la torre de Babel pour qi juahre arche útil di na vea por todas…

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Orinales irresponsables que pretenden merecer segundas oportunidades

No acostumbro a orinar sentado, así que he tomado el orinal con la mano izquierda, he sujetado el pene con la mano derecha con cuidado de no salirme del perímetro circular del recipiente, y he descargado mi vejiga en él. Los tobillos y el suelo se han empapado de orina, como era de esperar en un orinal agujereado.

El accidente me ha llevado a ponderar otros usos para el artefacto desfondado. Me lo he colocado sobre la cabeza boca abajo, con la precisa consideración de que el agujero inferior es menor que mi circunferencia craneal, y he estado en lo cierto. El éxito de la idea me ha motivado a realizar poses quijotescas con morritos.

Finalmente, he descartado seguir actuando como un niño irresponsable, y he vuelto a introducir el orinar bajo la cama.

Foto: Pixabay

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