The Lion King en la atalaya

Ver el nuevo remake de el rey león ofrece una oportunidad única para admirar detalle a detalle los milagros de la animación a nivel deidad. No me he cansado de escudriñar durante dos horas cada especie vegetal introducida en el paisaje, cada pelo y cada músculo, totalmente creíbles.

El diccionario regala un verbo que se acerca divertido a lo que he experimentado: “atalayar”. He atalayado con fruición todos esos detalles y sin darme cuenta he entrado en meditación. Como cuando se ejercita una actividad repetitiva y mecánica que no requiere apenas de actividad mental. O también cuando se escucha determinada música. Creo que cualquiera puede comprobar por sí mismo qué tipo de música facilita esta forma de reflexión, esa que hace cosquillitas en el cerebro. El caso es que he disfrutado de un rato único que ha justificado por sí mismo el precio de la entrada, aunque la historia repita pata a pata la conocida por todos.

Si buscamos evasión en el cine ¿qué mejor peli que aquella que nos evada de la misma historia que trata de contar?

Muertes supuestas y disfraces, parte II

Si es cierto que segundas partes nunca fueron buenas esta entrada no podría llamarse mejor que de este modo, sin la necesidad superflua de una parte I buena, como verán a continuación.

Hablaba ayer de la inspiración que la trayectoria vital de Reggie Perrin inspira en este blog, por su amor a los artefactos que aunque inútiles en la práctica de algún modo contienen un sentido estético o invocan una intención traviesa. Pero no lo es menos por su desdén hacia una existencia preñada de convencionalismos sociales que le empuja a iniciar una nueva vida secreta. Otros lo han hecho antes en la literatura, como Matías Pascal en “El difunto Matías Pascal” de Luigi Pirandello (Nobel de literatura en 1934). También cansado de su vida se hace pasar por muerto e inicia una rocambolesca historia de enriquecimiento económico en los casinos y empobrecimiento personal que le lleva a volver al pasado.

Por su parte, el dibujante de cómic Will Eisner creó a Denny Colt en los años cuarenta, un policía que aprovecha su muerte ficticia para comenzar una vida de aventuras contra el crimen con el nombre de “The Spirit”. En apariencia Denny fue incapaz de renunciar a su excitante lucha rodeado de bellas y peligrosas mujeres fatales para construir una vida tranquila al lado de su enamorada Ellen.

No duden en renunciar monacalmente a sus pertenencias y privilegios para ganar en independencia si así lo desean, pero no olviden disfrazarse con una barba como Reggie o un escueto antifaz como Denny para volver cuando sea necesario con un simple tirón.

Usted sabe lo que hay que hacer

Si usted sabe lo que hay que hacer es posible que sea curandera o cocinera, o constructor de barcos. Pero si no lo sabe sólo podrá entretener o engañar a los que le escuchan. Quien no sabe hacer algo útil tendrá que tratar de mantener el interés ajeno en elucubraciones improvisadas o razonamientos vanos. Mi interés va por esta última vía y no pretendo sino mantener un engaño consentido y mutuo.

Pionero y musa de este blog, sin duda Reginald Perrin, aquel ideólogo del negocio de objetos inútiles y protagonista de la sitcom británica de los años 70 “Caída y auge de Reginald Perrin”. Harto del tedio de su vida diaria decide desaparecer haciéndose pasar por muerto. Pero el amor le lleva a volver y a iniciar una aventura empresarial destinada al fracaso empujado por se aversión al éxito: GROT, la tienda de artefactos inútiles. Entre ellos el aro cuadrado y que por tanto no rueda, la raqueta sin cuerdas o la píldora de placebo. Sin embargo la iniciativa tiene un éxito inesperado con ganancias extraordinarias y la apertura de decenas de nuevas tiendas. Como este no era el propósito del inventor, Reggie se ve obligado a torpedear su emporio con malas decisiones empresariales, y más locuras que no cesan…

Por tanto si alguna de estas notas sin corazón le resulta de utilidad o al menos de interés tendré que proponerle una rebaja importante o la devolución del importe completo.

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